Audioclásica
Mayo 1997

En este número de Audioclásica, por primera vez nos acercamos al mundo de los vocalistas de jazz; en este caso, por medio de las cuerdas vocales de una cantante de voz sincera y auténtica. Ella sigue la vía abierta por otras muchas y muchos vocalistas que han hecho popular el jazz a lo largo de la historia. Si la voz es el más completo de los instrumentos, desde principios de siglo hemos podido disfrutar de voces prodigiosas, profundas, desgarradoras, sentimentales o telúricas, como las de Sara Vaughan, Ella Fitzgerald, Billy Holiday, Louis Amstrong, Nat King Cole, John Hendrix, hasta el polifacético Boby McFerrin o Carmen Mcrae.

La voz es el ingrediente importante en el jazz, aunque también incomprendido, debido a su papel protagonista. Algunas claves nos las desvela Tata Quintana en esta entrevista, en la que entre otras cosas, afirma que el “quid” de la cuestión para cantar bien es “ser sincera con una misma”.

Tata Quintana estudió en España armonía y canto con Miguel Calvo y Miguel Cuevas, después amplió sus estudios en Nueva York con Jeanne Lee y Carline Ray. Debutó en 1978 con músicos de jazz de Zaragoza. Ha actuado en los festivales de Badajoz, Logroño y Pamplona, y con los músicos Dan Rochlis, Trony Heimer, Carlos González, Tatsuo Aoki, Fabio Miano y Edelman-Robb Quartet.

Audioclásica. ¿Cómo descubre la voz en el jazz y por qué hay tan pocas vocalistas de jazz?

Tata Quintana. El jazz tiene mucho que ver con la “jam”. Hay un trío tocando, llega un saxofonista, se sube al escenario, toca una improvisación y todo el mundo dice “que bien toca, cómo toca”. El primer problema de las vocalistas es que los estandars están escritos en una tonalidad que casi nunca le va bien a una voz. Los temas están ahí porque un señor ha transcrito los temas de Coltrane o de Charlie Parker, o, a veces de una cantante. Sin embargo, hay mucha más tradición de otros instrumentos que de vocalistas; entonces los temas se han puesto en una tonalidad que le va bien a un saxo alto, tenor, pero no a una voz. Qué pasa en España. Tampoco hay tanta tradición de jazz. Empieza a haber en los últimos años. Pero los músicos se aprenden los estandars en la tonalidad del Real Book, que está bien, pero llega una cantante y no la puede cantar en do menor, tiene que cantar en fa menor. Entonces muchos músicos no pueden hacer ese cambio para la “jam” en el momento, porque no tienen tanto nivel, porque exige mucho entrenamiento o mucho tiempo de estar en el jazz. Otros pueden hacerlo pero no quieren, porque han estado tocando esa canción toda la vida en do menor, que tiene más brillo; y si de repente, en una “jam” hay que tocar, pues… Entonces la pregunta es “¿qué te cantas del Real Book?”, pues en la tonalidad del Real Book nada, pero canto esto y esto. Ahí se cierran las puertas de la “jam”. En segundo lugar, un cantante no puede cantar a pelo ni con un sonido malo; imposible, necesita un sonido amplificado, pero que no esté empobrecido, porque hay micrófonos que son como una tómbola, te come todos los armónicos y te hacen arrepentirte de subir a cantar. Además, hace falta un volumen determinado, puesto que no todos los músicos, en especial los baterías, aunque hay algunos muy buenos, saben tocar a bajo volumen. Muchos baterías consideran un pecado tocar con escobillas. También los hay maravillosos, pero es como en todo, en la música también hay un poco de machismo. Luego hay buenos músicos, mediocres y malos, y no siempre te encuentras con buenos músicos. Hay un tercer punto, porqué no decirlo, a muchos músicos les fastidia que una cantante se ponga al frente de una banda. Esto es algo que las cantantes hemos sentido en propia carne. Luego, es cierto también, que la voz es un instrumento que te permite subirte a un escenario con menos conocimientos musicales, y esto tiene su doble filo, porque hay cantantes que tienen una voz bonita, pero no saben mucha música y, sin embargo, su actuación puede ser efectista, lo que desluce la interpretación del resto de los acompañantes, posiblemente con una larga trayectoria de estudios musicales.

A.C. ¿Cree que hay envidias entre instrumentistas y cantantes?

T.Q. Sí, hay algo de celos. Muchos chistes tratan de cantantes y músicos, como si fueran totalmente distintos. Sin embargo, yo creo que los buenos músicos siempre tienen que discernir entre los que hacen arte y los que no. Hay quien lo hace, a mí muchos músicos me tratan como a otro más, como a un colega y hay quien no. Sin embargo, después de diez años de demostrar que sabes tanta armonía como ellos, que tienes el mismo tempo que ellos, a pesar de esto, te siguen considerando como “cantante”. También tienen culpa de esto los medios de comunicación. Yo he estado en festivales de jazz, en los que la crítica elogiaba a la cantante, pero no decía nada de los acompañantes; esta es la mala prensa, pero molesta al resto de los músicos. Aunque, también es cierto que cuando el grupo suena mal, es el cantante el que se lleva todas las culpas. Digamos que la voz comunica más y por eso se lleva más aplausos. Pero cuando el grupo no funciona se lleva todos los abucheos.

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A.C. ¿Cómo se inició en el mundo del canto?

T.Q. Desde pequeña he estado cantando. Últimamente lo estoy pensando mucho, revisando muchas cosas de mi oficio, porque hay algunas cosas que me gustaría cambiar, por eso me planteo de dónde viene mi amor por la música. Me doy cuenta que, desde pequeña, buscaba la armonía a través de la música.
De los momentos de mi infancia de los que guardo mejor recuerdo es en el “seiscientos” con toda la familia cantando. Recuerdo los momentos más armoniosos cuando todos nos poníamos a cantar en el coche, todos teníamos buen oído y nos gustaba hacer voces. Luego en el colegio enseguida cogí una guitarra, porque con la música me sentía en armonía con el mundo.
Ha habido tres personas importantes en mi carrera musical: Miguel Calvo, Miguel Cuevas y Barry Harris. El primero me enseñó armonía y composición; el segundo, técnica vocal y con el último he desarrollado y ampliado conocimientos, aunque su técnica da mejor resultados con instrumentos que con la voz.
Desde los 14 años he estado cantando de todo, Mocedades, Nuestro Pequeño Mundo, etc. luego hice rock&roll durante 3 años, después pasé a la salsa, verbena, pero entonces la salsa no estaba de moda y a nadie le gustaba; nos había llegado unos discos de Latinoamérica y nosotros hacíamos salsa sin ninguna tradición, pero salsa.

A.C. Entonces ya se dedicaba a la música de manera profesional.

T.Q. Siempre. Salvo los 5 años en que estudié Historia, entonces fui por otros derroteros. Después de la carrera ingresé en una banda. Luego me vino a buscar un guitarrista, Mariano Conget, que me prestó una cinta de jazz, a los 24 años; entonces estaba en Zaragoza. Se trataba de Ella Fitzgerald cantando Once I love you, y yo me dije: “yo quiero cantar esto”. Estuve varios años escuchando discos e imitando a Sara, Ella, Billy. Estaba por entonces en una orquesta de salsa y había estado en otras orquestas en Tarragona, Zaragoza y Logroño. Me bajé a Sevilla y me quedé 5 años; entré en un pequeño local y estaban tocando Jimmy Castro -batería-, Manolo Calleja -bajo- y Manuel Vargas -guitarrista-. El club se llamaba Bebop. Yo llegué y les dije que era cantante de jazz -aunque yo no había cantado hasta entonces jazz- y me dijeron que lo demostrara. Saqué mis partituras, las leyeron a primera vista como pudieron y, al acabar, me dijeron que me quedara con ellos. Yo nunca les dije nada de que aquella noche fue la primera para mí cantando jazz.

A.C. Luego vino a Madrid.

T.Q. Me vine a Madrid, sobre todo para aprender técnica vocal, porque no tenía de quién aprender en Sevilla. Yo me veía limitada en los mismos registros y quería más octavas. Hablando con otros músicos me recomendaron a un vocalista, con el que he estudiado 5 años de técnica vocal, que es Miguel Cuevas, que me abrió el mundo de la voz, no sólo desde el sentimiento, pero también desde la técnica y el trabajo. Le estaré agradecida toda la vida.

A.C. ¿Qué elementos incluiría en la cantante ideal: sentimiento, técnica, otros?

T.Q. Tiene que haber mucho de sinceridad. No se puede imitar siempre. Los buenos están ahí para que aprendamos de ellos, no para hacer exactamente igual. Lo que hay que aprender es que ellos sentían a su manera, era su personalidad en lo que decían, lo que cantaban. Nosotros debemos hacer igual y no pretender ser como ellos. Ellas/os son el referente para aprender, pero luego hay que ser sincero con uno mismo. Una cosa es aprenderte solos de cantantes, pero tienes que sentir como lo que eres, desde tus raíces.

A.C. Pero debe ser difícil no ser auténtico con la voz…

T.Q. Es que se nota. La imitación se tiene que acabar y dar paso a pensar “¿Yo cómo siento lo que estoy diciendo?”. Tengo alumnos que preguntan por el estilo, pero el estilo llegará con lo que tú sientas, y eso es tu estilo. La sinceridad con uno mismo es la clave, porque engañarnos es fácil. Mientras tanto es una lucha por acercarse a eso y eso el público lo nota, cuando ve que hay alguien que está buscando de verdad, conecta rápidamente; da igual lo que salga, al público le gusta. Y cuando hay alguien dudando, tratando de imitar, el público no se entrega.

A.C. No hay muchos cantantes hombres, no es así?

T.Q. Pero los que hay son maravillosos. Boby MacFerrin, Al Jarreau; mi favorito de hombres y mujeres es John Hendrix. Hay mucho, pero estos me llegan especialmente.

A.C. Sin embargo, el concepto de cantante es femenino en jazz, las grandes divas…

T.Q. Pero en aquella época coincidieron varias mujeres especiales, fue un boom. Por eso, tampoco se piensa en saxofonistas mujeres, porque estuvieron Coltrane, Parker, o tampoco en pianistas mujeres, pues Thelonius Monk, Bud Powell, eclipsaban el panorama. Sin embargo, en aquella época eran las mujeres.

A.C. ¿Y hoy, qué es lo que pasa con las cantantes de jazz, por qué hay tan pocas?

T.Q. Lo que hablábamos antes. No hay infraestructura, los equipos de voz. Estoy invitada en varios locales, pero el cantante necesita un mínimo. Ahora hay varias mujeres y nos apoyamos mucho, porque sabemos lo difícil que es. Realmente hay muchos problemas de sonorización o de micros, mientras que un saxo puede tocar sin ningún problema.

A.C. ¿Has grabado un disco en Alemania?

T.Q. Sí. Ha sido a través de uno de los integrantes de un grupo que se llama Heart Bop. Este trabaja con otro grupo que se llama Trio des Arts y con ellos hemos grabado un disco que ya está editado y en distribución.

A.C. ¿Qué proyectos de futuro tiene?

T.Q. Quiero preparar una historia de jazz en castellano y voy a grabar un disco con el apoyo de Caja Rioja. En el disco voy a incluir canciones típicas de mi tierra pero con aire de jazz. Son proyectos que me dan un poco de respeto, por el escaso margen de tiempo que hay, pero por otro lado, es la única forma de que salgan muchas cosas.
En el disco quiero contar con varios músicos, con el fin de que cada uno aporte su especialidad, aunque esto es otro tinglado, por el trabajo de coordinación que implica. En esto opino que los músicos con instrumentos son acompañantes: contrabajo, batería, etc, deberían apoyar más a los solistas que tienen su historia creada y que buscan el trabajo. pero, claro por otro lado, la gente tiene que buscarse la subsistencia y por eso los grupos son tan inestables.

A.C. Necesita mayor estabilidad.

T.Q. Claro. Ya se sabe todo lo que podemos decir con un ensayo, luego quieres decir algo con más profundidad que una conversación de “hola, qué tal”, “sentimos esto juntos y todos vamos por este camino”. Antes, como no teníamos nivel, no sabíamos estudiar solos en casa, pero cuando sabes estudiar solo quieres lo otro, expresar, se hace una historia. Creo que hay que apoyar, de entrada, al que busca trabajo y al que está dando trabajo. Yo sé lo maravillosos que es no tener que buscar el trabajo, sino que te llame un músico para actuar. Hay que valorar al solista que está dando trabajo a los demás.

 

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